AD. ESPACIO CIENFUEGOS

2015.- “AD” intervención en el escaparate de Cienfuegos. Málaga.

Homo ludens

“La primera vez que hablé con Juanjo Fuentes fue con motivo de Agustín Parejo School. No lo conocía, pero me habían dicho que él podría darme información de las actividades del colectivo en la Málaga de los ochenta, ya que había participado en ellas. Así que le llamé, y su voz, siempre vivaz y alegre, me atendió con gran amabilidad. Lo que me transmitió con más insistencia fue lo mucho que se divertía colaborando en las propuestas de los Parejo, y que eso, la diversión, junto a la amistad, eran las razones que le habían movido a implicarse en ellas. Entonces me di cuenta de que el asunto iba muy en serio.
 
Nadie sabe a qué se dedican los objetos cuando no les prestamos atención, es decir, cuando, como “el grano de arena ante un paisaje” del poema de Szymborska, están a su aire, alejados de la impertinente manía humana de adjudicarles a la fuerza todo tipo de finalidades. Una parte de la actividad de Juanjo Fuentes consiste en intervenciones más bien punkies sobre objetos de distinta índole. Por ejemplo, sobre cándidas porcelanas antiguas, con las que logra que se dediquen a asuntos para los que supuestamente no fueron creadas. Acompañándolas de nuevos atributos post-pop, como productos de limpieza, botellas de Coca-cola o de bebidas alcohólicas, embutidos o revistas porno, vídeos y televisores, estas figuritas que parecían tan inocentes se entregan a todo tipo de placeres y “perversiones”, se empachan de tele-basura, sexo o alcohol, o borran huellas de crímenes inconfesables. Su insípido kitsch original aparece renovado. Y en esta inédita condición, parecen encontrarse mucho más a sus anchas. Seguro que en sus interminables ratos de spleen los lladrós habían soñado con estar así, a su aire. “La interferencia mutua entre dos mundos sensibles, o la unión de dos expresiones independientes, trasciende los elementos originales para producir una organización sintética de mayor eficacia. Todo puede servir”, habían advertido los situacionistas.

Octavio Paz definió el readymade de Duchamp, ese antepasado de la práctica artística contemporánea y de la modalidad a la que se dedica Juanjo Fuentes, como “un puntapié contra la obra de arte sentada en su pedestal de adjetivos”. Es una acción que “redime” a los objetos (por hacer uso de la feliz traducción que hace Justo Navarro de la palabra readymade: “objeto redimido”). Surge así una especie de versión inadvertida de lo corriente, y también un discurso desestabilizador.

Subvertir lo cotidiano podría ser una de las consignas de las creaciones de Juanjo Fuentes. Es lo que ocurre también en sus Paisajes en miniatura, o en esos bordados de primorosas puntillas que nos sueltan motti y proverbios camuflados con el disfraz de los lugares comunes que gobiernan la mayoría de nuestras conductas sin que apenas lo percibamos.

Entre las series de Juanjo, algunas de mis favoritas son las obras de arte intervenidas: en las que se hace un uso en una nueva unidad de elementos artísticos preexistentes, lo que altera sus sentidos originales. Como en la Señora sentada, una intervención sobre el célebre retrato de la madre del pintor Whistler, cuya severidad o impasibilidad choca de forma hilarante con las sugerentes vistas de las fotografías de Mapplethorpe que ahora decoran las paredes de su hogar; en esta nueva escena, el título original de la obra, Arreglo en gris y negro, resulta mucho más elocuente, aparte de adecuado, claro. Y otros personajes de aspecto calvinista, los del Gótico americano de Grant Wood, visten atuendos que apenas cabía imaginar, como mandiles con el logo de Louis Vuitton. Por su parte, la galería de arte de David Teniers el Joven se actualiza, sustituyendo los rafaeles o veroneses por cuadros de Agustín Parejo, Warhol, Hockney, Miró, Picasso, Malévitch, Jasper Johns o Gilbert&George, convirtiéndose en un desenfadado batiburrillo de arte contemporáneo.

La práctica de una actividad creativa como esta, es decir, el tuneo de la realidad al que se dedica con entusiasmo Juanjo Fuentes, implica establecer relaciones inusitadas entre los objetos de las que surgen nuevos mundos, esto es, nuevas formas de ver el mundo. Los situacionistas le dieron a esto el nombre de détournement (tergiversación, desviación). Era una de sus estrategias principales, y sobre ella advertía Debord: “No es preciso decir que no sólo podemos corregir una obra o integrar diversos fragmentos de obras caducas en una nueva obra, sino también alterar el significado de los fragmentos y manipular de todas las formas que juzguemos oportunas lo que los imbéciles se obstinan en llamar citas”.

Los objetos de Juanjo participan de esta tendencia general de la creación contemporánea, pero en la actualidad su vitalidad y eficacia pasan por un descomunal sentido del humor, que si bien parece menos militante que el de los surrealistas o situacionistas, precisamente por eso perturba con más convicción todo prejuicio y convención. Aconsejan no mantener una actitud de reverencia ni por los discursos sobre el arte ni por las instrucciones para la vida.

Asger Jorn apuntó en 1959 que “la tergiversación es un juego, debido a su capacidad de desvalorización”. Los pensadores idealistas del siglo XVIII tamibén se habían referido al arte como juego, en virtud de su poder liberador. Un creador de artefactos que opera de una manera similar a la de Juanjo Fuentes, Sean Mackaoui, asegura que el mejor cumplido que ha recibido en su vida es el que le hizo involuntariamente un amigo que, ante su mesa de trabajo, le dijo: ¿Puedo jugar? “Si hago una exposición y la gente está riéndose y pasándolo bien, pues, entonces, he conseguido mi objetivo”, dice Mackaoui. Son palabras que muy probablemente suscribiría Juanjo Fuentes. Arte, diversión, risa y juego; ya lo advertí, la cosa iba en serio.”


Maite Méndez Baiges